domingo, 11 de noviembre de 2012

Misery

La brisa fría de un día de agosto se introducía con suavidad por la ventana, como si fuera un ladrón a la espera de algo. Estaba tirada en la cama, con mi ropa puesta y la vista fija en el techo, no tenía plena conciencia de cuánto tiempo llevaba así, muy apenas distinguía las canciones que mi estúpido reproductor elegía para que sonaran en ese momento. La brisa que entró nuevamente por la ventana me llenó de temor e incertidumbre y reí con sarcasmo cuando presté atención a la canción que mi aleatorio me imponía justo en ese instante, Mi vida sin ti, esa era la canción que se escuchaba por toda mi casa... y que ahora me oprimía. ¡Que ironía!
Intente tomar aire para mantenerme serena... no sé el tiempo exacto, pero que la luna adorne mi ventana podría ser una buena señal de que ya serían varias horas las que llevaba en ese mundo, no el mío, sino el de una persona que ya no existiría, no más.

¿Les ha sucedido alguna vez que es tanto el dolor, que un suspiro parece querer escapar por su garganta y las lágrimas derramarse por sus ojos? ¿que necesitan tomar el aire para retrasarlo? ¿han notado que resulta inevitable?
La oscuridad en mi habitación y el ambiente frío y doloroso también lo eran. Respirar es difícil, llorar parece irremediable, sufrir es ya un hecho, vivir sin él imposible.

Mi vida pintaba para ser nada de ahora en adelante, es que ¿saben? Cuando tu vida es algo y ahora ése algo no está.. ¿qué es tu vida entonces?
Yo no lo sabía. No quería saberlo. Lo único que quería y necesitaba era sentarme aquí y esperar a que la tristeza me matara y así el dolor se fuera sin siquiera notarlo, quería morir, porque yo ya no estaba viva.

“Es la costumbre”
Pensé para calmarme, tal vez era esa estúpida costumbre de que él siempre este aquí, a mi alrededor, que llegue y me bese, que me abrace.. tal vez la costumbre de sentir su aroma, su cuerpo protegiéndome o sus labios sonriéndome. Tal vez era simplemente la costumbre y el hecho de saber que ya no existirían esos minutos de incertidumbre al no verlo llegar, que los paseos por el parque son ya recuerdos y no planes. Que yo sigo aquí pensando en él y él... él simplemente no está.
Apreté con fuerza mis ojos, intentando olvidar todo el día, pero es simplemente inevitable cuando los recuerdos me golpean con tanta fuerza, porque si miro a la derecha ahí esta nuestra foto en las vacaciones de verano, si miro a mi puerta esta una manta con palabras hermosas y que compro como regalo de Navidad, si abrazo al peluche que está entre mis manos sería cómo abrazarlo a él, pues es él. El peluche se llama cómo él, él era él.. ¡ja! No es cierto, realmente él es él, sólo que sin mí.
En la foto no estamos nosotros, en la foto estoy yo y esta él. No nosotros. Esa palabra ya no existe.. porque ya no somos él y yo, ahora soy yo, y es él. Sin ser vecinos, sin ser compañeros de escuela, menos de salón, menos de pupitre y mucho menos los novios de escuela... que alguna vez fuimos.
La distancia que ahora se interponía entre nosotros no fue sino más que la cruda realidad, la certeza de que nuestro sueño había terminado y era momento de seguir cada uno con sus vidas.


—Es lo mejor— Dijo mientras su rostro se rompía y fijaba su mirada en el suelo.— Podrás ser feliz al fin.

No pienses en eso. ¡No pienses en eso!

—Realmente te amé mucho.



Amé, del tiempo pasado. Del ya no te amo más. De las promesas fueron todas escritas en la arena junto al mar. Del ¿puedes observar fácilmente el momento en que mi corazón se rompe en pedazos? Sí, sí puedes.

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